La coyuntura predomina. La presidenta Cristina Fernández ha decidido postergar el debate de Ganancias por unos meses más. Lo estructural debe esperar. Mientras la inflación sigue comiendo los bolsillos de los argentinos, los asalariados están más expuestos a la presión impositiva. Por eso, los economistas consultados por LA GACETA coinciden en afirmar que la excepción en el pago del impuesto a las Ganancias en el medio aguinaldo que se abonará en diciembre es tan sólo un parche frente a la pérdida del poder adquisitivo del salario. Es el punto de coincidencia de los gremios que ya se preparan para discutir el próximo aumento de sueldos.
Con las centrales obreras divididas, las negociaciones salariales que se vienen asoman como conflictivas. El Gobierno nacional no está dispuesto a convalidar la inflación medida por las consultoras, en torno de un 25% anual. Y por eso, ya se vislumbra un techo de aumento del 20%, casi cuatro puntos porcentuales menos que el promedio alcanzado en este ejercicio. El año electoral le pone un condimento adicional al reclamo. Por eso la jefa de Estado, al anunciar la eximición del pago de Ganancias a los asalariados de la cuarta categoría que ganan menos de $ 25.000, expresó que cualquier reajuste del mínimo no imponible de Ganancias estará sujeto a las paritarias.
"Lo que correspondería en estos casos es que, cuando aumenten los salarios nominales, se actualicen los parámetros del impuesto a las Ganancias", afirma a LA GACETA Jorge Colina, economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa). Pero el economista considera que el debate entre Gobierno, gremios y cámaras empresariales no debe circunscribirse tan sólo al reajuste del mínimo no imponible, sino que también debe abarcar la tablita de las alícuotas del impuesto a las Ganancias.
"Muchos trabajadores no han podido gozar de los últimos aumentos porque ese reajuste le significa también una mayor carga impositiva, al no actualizarse el esquema de Ganancias. "Deberían actualizarse los parámetros con los convenios colectivos de un modo correcto. Así alguien al que le aumentaron el sueldo no tenga que subir automáticamente de categoría", sugiere el experto.
Los gremios cercanos al líder cegetista Hugo Moyano y de otras extracciones sostienen que el salario no puede ser considerado ganancia y, por lo tanto, no debería tributar. Sin embargo, la CGT que conduce Antonio Caló sostiene que las medidas anunciadas por la Presidenta ponen paños fríos al reclamo sindical y que está dispuesta a debatir abiertamente el tema, sin amenazas de paros ni movilizaciones.
Colina cree que el debate parte de un problema semántico. "En realidad se trata de un impuesto a los ingresos personales y que se paga en casi todos los países", indica. Pero la diferencia está en las expectativas sociales. "El contribuyente quiere que lo que aporta por los impuestos vuelva en servicios eficientes de un Estado que se agranda. Si eso fuera así, la resistencia social a Ganancias sería menor", acota. En suma, dice Colina, la población paga colegio privado, seguridad privada, salud privada y aumento de impuestos.
A precios
Según el economista Fernando Marengo, la discusión sobre Ganancias es más política que económica. "Es una cuestión de momento y oportunidad de abrir la discusión sobre los mínimos no imponibles con la inflación reinante que hay", puntualiza. Lo mismo sucede en las empresas que están afectadas por el ajuste y deben pagar Ganancias sobre el capital.
Marengo señala que en una economía con control de cambio, cualquier impulso que se ponga sobre la demanda va a precios. "Puede que se interprete que la población crea que quedarse con los pesos le da cierto poder de compra. Pero nadie quiere quedarse con ellos, por la inflación", sostiene. Tampoco tiene alternativa de ahorro en otra moneda, debido al cepo cambiario. Por esa razón, todo va a bienes, es decir, al consumo, como lo expuso Cristina Fernández al anunciar la excepción en el pago de Ganancias a los asalariados en el aguinaldo que se abonará en diciembre.
En ese contexto, insiste el economista, quedarte con los pesos en el bolsillo es mal negocio, por el proceso inflacionario, en torno de un 25% anual, que desvaloriza la moneda nacional. Es un escenario de consumo mayor, en un período caracterizado por las ventas navideñas, pero con precios que pueden reajustarse, como cobertura de la inflación.